Rumbo a Tokyo

Tuesday, 01 Jun, 2021

Dominique Knüppel (27 años) se prepara para representar a Uruguay en los Juegos Olímpicos de Tokyo 2021 al mando de su barco Nacra 17. Exalumna del Liceo Francés Jules Supervielle y velerista profesional desde los 18 años, en esta entrevista nos cuenta de dónde viene su amor por el mar, de los desafíos que implica dedicarse a este deporte y de los recuerdos que tiene del colegio.

Te propusiste batir un récord en Uruguay (tramo Punta del Este – Montevideo a vela) y lo conseguiste en febrero de este año junto al velerista Pablo Defazio. ¿Cómo fue esa experiencia?

Batir el récord Punta del Este - Montevideo navegando a vela significó mucho aprendizaje y un shot de confianza. Veníamos entrenando durante todo el verano sin objetivos de campeonatos o resultados medibles, ya que debido a la pandemia no podemos hacerlo, así que decidimos ponernos ese objetivo. Lograrlo, a pesar de las dificultades y el cansancio físico, fue un alivio y un pequeño premio de fin de temporada. Motiva a seguir adelante.

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Los JJOO de Tokyo se reprogramaron para julio debido a la pandemia de COVID-19. ¿Cómo te preparás para la principal competición del mundo deportivo? ¿Cuáles son tus objetivos?

Los JO se reprogramaron, pero nosotros nunca dejamos de entrenar. Hoy en día nos seguimos preparando, adaptándonos a la nueva normalidad y a las circunstancias que se nos presentan. Como equipo (junto a Pablo Defazio) pretendemos entrar en la medal race (estar entre los 10 mejores) y es en eso en lo que trabajamos a diario.

¿Cómo es un día de entrenamiento?

Tenemos un calendario donde planificamos todo lo que vamos a hacer de acá a los JJOO. Por lo general son bloques de 6 días de entrenamiento, con descanso los sábados, y cada tanto 3 días libres. Los días de entrenamiento se reparten entre entrenamiento físico y en el agua. Entre medio, por lo general durante el almuerzo, vamos preparando el barco y la ropa que vamos a usar ese día: trajes de neopreno según el frio y las diferentes velas y seteos del barco.

¿Cómo te afectó la suspensión de los JJOO 2020? ¿Cómo y dónde seguiste entrenando durante estos meses?

Cuando comenzaron a cerrar las fronteras en marzo del año pasado, nos encontrábamos en España. Habíamos viajado para entrenar y participar de varios campeonatos. La decisión del equipo fue trasladarse a Francia donde pasamos la cuarentena y pudimos navegar y prepararnos físicamente hasta junio de 2020. Después pudimos trabajar en Europa y volvimos a entrenar en aguas uruguayas en setiembre del mismo año.

A los 9 años ya participabas en competencias náuticas. ¿De dónde viene tu amor por el mar?

El amor por el mar viene de familia. Mi padre gran navegante y mi madre siempre motivando a que nos relacionemos bien con el medio marítimo. Los inicios como navegante fueron en el Puerto del Buceo, en el Yacht Club Uruguayo.

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Has competido junto a tu padre, también velerista. ¿Cómo es esa experiencia?

Gran parte de mis conocimientos fueros trasmitidos por mi padre. Hoy en día sigo aprendiendo de él; no solo en la parte de competencia y regatas sino también en todo lo que a la náutica refiere. Competir y participar en regatas junto a él es muy disfrutable, hemos generado una confianza y sobre todo una forma de navegar en equipo que hace que correr regatas juntos tenga un valor agregado.

¿Qué características personales debe tener un/a navegante?

No hay una característica especial que defina a un navegante. Es un deporte tan amplio y versátil que todo aquel que tenga ganas y esté motivado a realizarlo tiene su lugar. Sin dudas que tener ganas es una característica que no puede faltar, después cada uno lo puede orientar hacia donde más le guste o se sienta cómodo: convertirlo en un deporte de placer y fines de semana, o de alto rendimiento y competiciones.

¿Cuáles son tus próximos desafíos?

En una primera etapa, los JJOO. Luego, seguir formándome y crecer como deportista y navegante. Pero paso a paso, hoy en día los JJOO ocupan un lugar muy importante en mi día a día y es fundamental que focalice mis fuerzas y atención en ello.

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¿Qué recuerdos tenés del Liceo Francés?

El Liceo Francés fue parte de toda mi formación, ya que concurrí desde la Maternelle hasta Terminale. Los recuerdos son muchos, desde las diferentes clases hasta los compañeros y amigos que aún conservo.

¿Cómo era para vos tener a tu mamá, maestra, siempre en el colegio?

Por nuestras personalidades, siempre fue un plus. Tener el mismo horario simplificaba las movidas a la mañana y a la tarde, para ir y volver del colegio. Y durante el horario escolar para mí era una maestra más. Éramos alumna y maestra dentro de la institución y madre e hija en casa, y eso hacía que no existieran conflictos por estar en el mismo lugar. Por otra parte, me daba seguridad saber que mi madre estaba ahí cumpliendo siempre el mismo horario y en la misma clase, sabía que podía recurrir a ella en caso de necesitarlo. Teniendo en cuenta que hasta segundo de liceo no era normal tener celular y mandar un mensaje para avisar si me sentía mal o si salía más temprano…

¿Cómo hacías, en tus años escolares, para combinar entrenamiento y estudio?

Implicó muchísimo esfuerzo ya que compito y entreno desde los 10 años. Por suerte el club me quedaba cerca y si bien salía tarde de clase, con ayuda de mis compañeros y de mis padres, que me esperaban con el barco pronto, podía asistir a entrenamientos entre semana. Y, sobre todo, dedicaba mis fines de semana a perfeccionarme en el deporte. Muchas veces tuve que elegir entre actividades o paseos propuestos por la institución y competir, y eso generaba cierta distancia con mis compañeros de curso.

¿En qué momento decidiste dedicarte profesionalmente?

Desde los 18 años que me dedico profesionalmente a la vela. Al principio fue como entrenadora y haciendo diferentes trabajos en embarcaciones. Y luego de vivir un año en Francia, a mis 21 años, empecé a competir de forma profesional.

¿Qué forma de vida implica?

Dedicarse a competir implica una vida un poco nómada ya que no hay campeonatos importantes en la región y nos vemos obligados a viajar para competir con los equipos de punta y perfeccionarnos. Lo disfruto y es lo que elegí para seguir avanzando en mi carrera, pero es duro saber que muchas veces estoy forzada a elegir entre compartir días con mi familia y amigos en el país donde nací y seguir mi carrera viajando en busca de oportunidades y aprendizaje.

¿Cuánto influyó tu formación en el Liceo Francés en tu vida de deportista?

Sin dudas la formación influye en las decisiones que tomamos en la vida. El Liceo Francés me aportó muchas herramientas que uso todos los días. Desde la metodología hasta la forma de pensar y organizarme. Obviamente también el idioma, que me abrió muchas puertas en este camino.